Fa fred. Tinc les mans gelades. Els peus semblen glaçons. I el meu cor està hivernant. Diuen que ha arribat la primavera. Que el sol escalfa els dies i porta l'alegria i l'optimisme arreu. Diuen...
Lo miró a los ojos. Esos ojos tristes la llenaban de pena y de orgullo al mismo tiempo. Recordó el día ya lejano en que lo había recogido. Sucio, magullado, herido. Gemía. Por un instante dudó. No era eso lo que precisamente necesitaba en aquél momento. Pensó en llamar a alguien que pudiera ayudarle, pero esos ojos... esos ojos ablandaron su corazón. Se lo llevó en brazos, lo acomodó en el coche, lo trasladó a su casa. Le preparó un lecho donde pudiera descansar y le curó las heridas. Le dio de comer, lo limpió mientras le hablaba bajito, de su vida, de quién era, de por qué en ese mismo momento empezaba a necesitarle. Esos ojos, profundos, tranquilos, la miraban sin entender. Se dejó cuidar, se dejó querer, se dejó mimar. Pronto se convirtió en el centro de su vida. Ya nunca podría entender la vida sin él.
Potser no. Potser no arriba mai el dia. Després de mesos d'intentar-ho, haurem de començar a assumir que és possible que mai arribi a acomplir-se. Era un somni, un desig que tenia de petita. Els anys han anat passant, alegries, decepcions, èxits, frustracions. Després de tot, d'anar-ho postergant, sembla que ja mai es farà real. I serà la frustració més gran. Silencis. Esperes. Tristesa.