
Se le iba. Se le escapaba de entre las manos, se escurría, como si de una materia viscosa se tratara. Lo había tenido tan cerca... y ahora lo perdía.
Ella no pretendía asustarle, pero era consciente de que la historia de su vida podía ahuyentar a los más osados soldados del amor. Se la fue contando a cachitos, poco a poco, pequeñas cápsulas de información que parecían más fáciles de digerir. Y aún así, fueron letales.
Igualmente, él parecía escaparse de su lado.
No hay reglas, no hay normas, todo es relativo en el amor. Pero nadie duraba a su lado. Nadie se quedó el tiempo suficiente para quererla, para conocerla tal y como era. Y así, cada vez acumulaba más experiencias frustradas. Más historias que añadir a la ya larga historia de su vida.
Un día, necesitaría toda una vida para contar su vida.
