
Me acordaba esta mañana
de aquellos tiempos inútiles
en los que no nos hablábamos.
De aquellos momentos
de irracional miedo
a encontrarnos.
Del día en que,
en la puerta de un restaurante,
te dije que te marcharas.
Temblaba.
Quedaron atrás.
Me alegro porque hoy
todo ha cambiado.
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